La rata de la Merced

Juan Manuel Valero

En el mercado de la Merced apareció una rata gigante: mide un metro y medio de la nariz a la punta de la cola, es parda y sus ojos son altivos. La descubrieron unos trabajadores del Distrito Federal, mientras desalojaban miles de cajones de frutas y legumbres de una bodega que será convertida en museo próximamente.

Primero dijeron que se trataba de un perro poco común. Más tarde se habló de un tejón, mamífero carnicero de palo largo. Llegaron a creer que era una zarigüella con la cabeza parecida a la de la zorra, hocico y orejas negros y pelaje pardo rojizo. Entre nuestro pueblo, este animal es mejor conocido como tlacuache, cuya existencia en estas tierras es anterior a la conquista española. El tlacuache y la víbora de cascabel fueron la dieta principal de los aztecas, cuando esta noble tribu se vio obligada a vivir en el pedregal -hoy, de San Angel-, que se formó a consecuencia de la erupción del Xitle.

El lugar donde se produjo el hallazgo de la rata era una casona construida el siglo pasado, que perteneció a un pariente de Miramón, quien murió al lado del emperador Maximiliano en el cerro de Las Campanas, un día en que Dios estaba muy ocupado. Los cronistas de la ciudad señalan que en esa casa hicieron el amor, una tarde lluviosa, el general Alvaro Obregón y la nieta de un potentado de la época de apellido Toral, pareja en el dominó del dictador Porfirio Díaz.

Los periódicos vespertinos tuvieron dudas para elegir como noticia principal entre el frustrado atentado contra el presidente de Estados Unidos y la aparición del singular roedor. Un influyente comentarista de televisión presumió que la rata era del barrio donde él nació y pasó sus mejores años. El locutor agregó que también podría tratarse de una conjura comunista en la que debe estar involucrado el Piojo Blanco, peligroso terrorista que vuelve a ocupar la cabeza de la Liga 23 de Septiembre, a pesar de que la policía anunció hace algunos meses, por sexta vez, sobre la captura y muerte del temido y popular sujeto.

De inmediato se informó del suceso al primer mandatario, obligándolo a postergar la ceremonia de inauguración de una canchas de tenis en Ciudad Netzahualcóyotl. Hubo junta urgente de ministros y se decidió ordenar el encuartelamiento de las fuerzas armadas. Las Cámaras de Diputados y Senadores dieron todo su apoyo a cualquier iniciativa que tomara el Poder Ejecutivo. El sector empresarial recomendó clama para evitar que el abrupto descubrimiento de la rata de la Merced pudiera convertirse en una tragedia nacional.

Al día siguiente, el jefe máximo hizo un llamado a la solidaridad, en donde aseguró que la integridad de la nación estaba a salvo y la ciudadanía no corría ningún peligro. El ejército y los judiciales dieron versiones contradictorias sobre el operativo de acorralamiento del indefenso animal.

El monstruo fue instalado en el zoológico de San Juan de Aragón. Durante tres semanas, miles de visitantes desfilaron con ojos incrédulos alrededor de la jaula. Muchos miles más se sintieron defraudados ante la decisión oficial de trasladar a la bestia a la Facultad de Veterinaria, de la Universidad Nacional Autónoma de México, para someterla a estudio.

Sin embargo, como todo en este país, en poco tiempo la rata fue olvidada, sólo los niños la recuerdan con cariño. Algunos temen que los patrocinadores de Batman y las Tortugas Ninja la hicieran desaparecer para aniquilar tan temible competencia. otros hacen correr el rumor de que se escapó de la Ciudad Universitaria para no quedar convertida en conejillo de Indias. Unos más sostienen que se la robó el señor gobernador de Coahuila para vendérsela a un biólogo inglés, y que pronto reaparecerá en alguna parte como atractivo principal de un circo europeo.

Todos se niegan a aceptar las versiones del gobierno. Nadie se quiere tragar el cuento de que la rata de la Merced sea uno de los desaparecidos que encontraron cerca de Tula. Dudan del jefe de la policía, no parecen dispuestos a creer que un animal de su calaña pueda acabar así.

Por su lado, los niños exigen pruebas, demandan evidencias, están hartos de que sus mascotas, por angas o mandas, siempre sean destruidas. Soportaron la pérdida del Tigre de Santa Julia; el Pajarito Moreno no les duró ni el primer round; el Partido Revolucionario Institucional se apropió del Ratón Macías; el osito panda fue asesinado por sus padres; las niñas de la Universidad Molotinía violaron al Chacal Cabrera; el Zopilote Figueroa se autosecuestró en la sierra de Guerrero; las Chivas Rayadas del Guadalajara se fueron a segunda división; la Tigresa Irma Serrano se volvió intelectual; el cardenal Corripio Ahumada fue excomulgado; al Toro Valenzuela lo agarraron a garrotazos los Yanquis de Nueva York; los indios tarahumaras se comieron a los perro chihuahueños. Y ahora les salen con la patraña de que la rata de la Merced se esfumó de la noche a la mañana.

Es injusto que en México no duren ni las ratas. Resulta insoportable ver a nuestros hijos seguir dependiendo de Micky Mouse y Bugs Bunny, mientras que en Estados Unidos el Perro Humano, el Hombre Murciélago y la Mujer Araña se pasean tan campantes por la calle, se convierten en estrellas cinematográficas, son considerados héroes y, en ocasiones, llegan a ocupar la Casa Blanca.


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* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor, el: 05/Feb/00