Un muy buen chingazo

A Carolina.

Sergio Ochoa Meraz

...frivolidad: con qué facilidad siente que le ahoga esta palabra.

En su mundo inicia, se gesta, la lección primera: -cuídate de ti mismo! esto no tiene alcances.

Para abstraerse de toda sincronía se subió a una pecera buscando ir con rumbo al downtown, caminó parte del paseo Bravo para luego subirse a un camión. Así era este jale, primero en pesero, para desacomodar los interiores y luego en camión, para que, con un buen zangoloteo todo ocupara lugar nuevamente, con suerte algunas cosas cambiarían de posición, quizá algo de carácter jerárquico, algo en el orden de importancia, con un poco más de la citada suerte igual y hasta se modificaba el criterio de valoración, o los valores mismos... -no, eso requería de más de un paseo en el transporte público, necesitaba de un muy buen chingazo.

Poco o casi nada observó durante la primer parte del recorrido, medio que quiso alcanzar a distinguir una rola de "La Sonora de Margarita" pero nada más, ni una pierna, ni un par de senos... nada.

Aja!, pero ya trepado en el camión y con la complicidad del poco número de usuarios se sentó casi en la defensa trasera, abrió por completo la ventana, sacó de entre sus ropas un filoso churro de mota, le blandió por los aires y el destello del mismo alertó al chafirete de la unidad quien, a través del espejo retrovisor asintió el consumo del "tostador", al tiempo que le subió estratégicamente al volumen de su "clarion" y abrió la puerta delantera; así el aire dejaría escapar el hornazo... hasta parecía ejercicio cotidiano.

Y al son de "Hay luto en mi alma" a cargo de "Los Terrícolas" el humo se desvanecía en el aire y, su recuerdo, resultaba presente pero tolerable.

Un par de esquinas advirtieron la inminente presencia de un músico callejero, de los que chivean en los camiones. Se trepó al bus al tiempo que el chafirete le daba mutis al "compak" con la compilación de éxitos en las voces de Nestor y Alenis. El músico, guitarra al canto, se ubicó a medio pasillo y atacó con furia el encordado de su lira. La guitarra comenzó a llorar agudas y acertadas notas: "People are strange, when you´re a stranger, faces look ugly when you´re alone..."

Para esto el viaje había ya comenzado, entre constantes brincos provocados por los baches, la música y el ritmo interno se volvió uno con el todo, Alka acompañaba el momento golpeando suavemente el tubo que hace las veces de cabecera en el asiento, a manera de batería, acústica en este caso.

Pasamos al Dance

El músico abandonó la unidad, no sin antes sugerir un trueque entre la rola ofrecida por contantes y sonantes monedas, entre mayor sea su denominación mayor será mi alegría -escupió-, el buen Alka sacó los únicos cinco pesos que le restaban y se desprendió de ellos, a cambio el melódico personaje le regaló un mazapán de la Rosa, aquí cabe mencionar que la Rosa se quedó sin mazapán. En fin.

De vuelta al ritmo del camioncito, era ya visible el estado de euforia de nuestro héroe en cuestión, que al advertir la falta de acompañamiento musical inquirió al operador de la multicitada unidad para que hiciera algo al respecto. Éste, esculcó con la propiedad que caracteriza a una mano enguantelada dentro de una caja, el "compak disposer", y extrajo de ella un si-di piratón, amarillo piolo por un lado y azul osea-no? por el otro. Era evidente que se trataba de un mercado-Miguel-Hidalgo-records.

Alka, advirtiendo el gesto del condutor, esperaba ansioso la presencia de la manifestación sonora, especulaba sobre el contenido de la grabación, que podría rayar entre un ejercicio de colaboración (confesión) de la P.G.R. hacia algún ciudadano común, como aquélla de "quieres más chorizo? -No!, Ya no!- Sí, dale más al hijo de la chingada!" (del supuesto asesino material de Ruiz Massieu) o el último de polo-polo; quizá algún álbum inédito de Fredie Mercury...

... There must be something in the way I feel that She don´t want Me to feel... Changos! -se dijo- los "chili-pepers" -advirtió-, con un onírico vaivén de chompira hizo manifiesto su gusto por la elección del musicón. Entendemos que el audaz driver, además de alivianado le intelige al ruido, casi inaudito.

Poca gente se interesaba en subir a la unidad, y en ella sólo permanecía por poco tiempo, o muy poco, cómo saberlo a detalle si el cronómetro interno se traía un desmadrito bastante regular... la distensión del tiempo invitaba a espontáneas sonrisas de parte del protagonista...

...what I´ve gotta you gotta give it to your momma, what I´ve gotta you gotta give it to your pappa, what I´ve gotta you gotta give it to your daughter, you do a little dance and then you drink a little water...

El efecto pacheco tendía a desvanecer, así que encendió nuevamente el churrumais y le dio un par de jalones de antología poética, claro, sacando la cabeza por la ventana, lo que casi le cuesta un muy buen chingazo contra las ramas de un árbol, Ja! "si no me agacho..."

Lástima de material, pues el avión ahora se antojaba en picada, el pánico hizo presa de nuestro sujeto de enunciación, como si le faltase el aire, así que púsose en pie y haló el cordel indicando su deseo de próximo descenso del automotor. La ranfla se detuvo y Alka bajó de ella a manera de salto de paracaidista, llevaba el mazapán dentro de la bolsa de su camisa, pero al caer éste salió disparado hacia el frente, burlando su inducida torpeza recuperó rápidamente el mazapán para ponerlo de nuevo fuera de toda posibilidad de alcance visual y después de ello atinó a lanzar un profundo suspiro que le devolvió parte de los colores que habitualmente le iluminan el rostro. Es conveniente hacer la observación de que la portación, venta y/o consumo de mazapanes está completamente prohibida, según lo indica el código penal del Estado, después de las seis de la tarde; la justificación estriba en la omnipotencia de quien finge, digo, funge como autoridad y ya.

El destino temporal que se había fijado comenzaba a adquirir matices de capricho, visitar a la punzada de Toclo quizá no era la mejor de las ideas, pero ya estaba por el rumbo, aunque quizá un tanto equivocado si no cruzaba la calle antes. Así que reunió el desempeño neuronal necesario y se lanzó a la conquista de cinco metros de asfalto... la somnolencia propia de los miligramos de agentes alucinógenos que traía encima no obvió el cálculo necesario y se adelantó un par de segundos en su intención, digamos que le traicionó el sistema motor y este descuido le puso, de pechito, frente a un bólido que:

a) trató de esquivarle frenando, pero para variar con los pinches "tsurus" el mugre de coche no frenó, así que:

b) parrilla, defensa y cofre le propinaron un, insistimos, muy buen chingazo que le invitó a desafiar ciertas leyes, normas y paradigmas en torno al asunto de la física como la gravedad, y de la evolución propiamente como el deseo de tener alas, quizá fue este pensamiento a todos tiros pecaminoso y darwinianamente herejético el que:

c)lo proyectó contra el suelo, en este mini-viaje-contraste-con-el-que-traía-encima no tuvo tiempo de exclamar nada, bueno, casi nada, pues coincidentemente y en peculiar sincronía con el madrazo del cachete izquierdo contra el suelo se percibió un mini-ouch! apenas sonoro pues el rechinar de las llantas aún viajaba por los mismos aires que antes surcara brevemente nuestro héroe sin capa, como si la capa asfáltica no le hubiese sido suficiente.

d) El tripulante del veloz coche no dudó en bajar del mismo para auxiliar al accidentado peatón, y fue en ese momento cuando percibió los daños materiales sufridos por su unidad, que ahora estaba convertida en varias decenas de pedacitos, ni qué decir del parabrisas, parecía telaraña el infeliz. No obstante la razón obró primero en su persona y continuó en la ayuda del transeúnte, a quien invitó a llevar a un hospital para ser revisado en detalle.

Alka, con la babota escurriendo, se percató de la calidad del madrazo cuando advirtió que parte de la parrilla del coche la llevaba incrustada en la cara exterior de su muslo izquierdo, además de que la cachetada que la propinó madre tierra fue peculiarmente violenta, de tal modo que el citado chachete se inflamó dando la impresión de que se trataba de una tutsi-pop, medio que quiso decir algo, pero también se había mordido la lengua. Sin más fue conducido al interior del coche que antes le catapultase con rumbo hacia la casa de Dios, pero ante la falta de impulso la gravedad hizo lo propio.

El conductor hubo de dirigir su unidad con la cabeza de fuera, pues el impacto recibido en el cristal no permitía ver nada, salvo el impacto ¿verdad?, Alka sonrió primero para después reír a carcajadas y contagiar a su entonces interlocutor, quizá era ese el madrazo que le hacia falta para entrar en orden.

Del mazapán como de Camelia la tejana, nunca más se supo nada.


Otro cuento de: Metr√≥poli    Otro cuento de: Sobre Ruedas  
Otro cuento del Mismo Autor   
 Sobre Sergio Ochoa Meraz    Envíale e-mail
 Índice de temasÍndice por autoresEl PortalLo Nuevo
 MapaÍndices AntologíaComunidadParticipa

 

 

* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor, el: 01/Oct/00